viernes, 1 de abril de 2016

Día 1. Hardenberg (Holanda)

Amanecemos en Hardenberg, hemos llegado de noche, así que lo único que hemos visto son las cálidas casas holandesas y el caluroso recibimiento de nuestras familias, empezando por el mismo aeropuerto al que tuvieron el detalle de venir a buscarnos.

Estamos bastante diseminados por los alrededores de la ciudad. Por ejemplo Marta y Esteban tienen 15 kilómetros, 45 minutos en bici por los campos holandeses.

El instituto nos deja de piedra, es modernísimo, una arquitectura vanguardista, con vivos colores, cristales por todas partes, espacios para charlar, trabajar, descansar. Y un ambiente muy amable, todos van sin prisas, sin estridencias, sin aglomeraciones.




Asistimos a varias clases y vemos qué buena relación hay entre alumnos y profesores, todo cordialidad y buenas maneras. Hoy los holandeses empezaban las clases a las 10, los viernes los tienen así, desde luego así es más faćil estar contento y relajado.

  
Al final de la mañana hemos salido a dar una vuelta en bici por el pueblo que es muy agradable, con un centro peatonal que, en un día soleado y brillante como hoy, estaba repleto de gente: en las terrazas, caminando, pero sobre todo, en bici ¡¡qué cantidad de bicis por todas partes!! comprobamos que, sin duda, es el transporte principal de este país.




A la vuelta al instituto hemos ido a las aulas-cocina, con nada menos que 8 "cocinas" completas, y allí todos los chicos han preparado unos suculentos panqueques dulces y salados que nos hemos cenado ¡¡a las cinco y media de la tarde!! la cena ha terminado entre ataques de risa en holandés, inglés y español.



Y a las seis cada uno se ha ido a su casa, que algunos tenían que hacer un buen trayecto en bici, otros en tren,...y a disfrutar de las familias y las casas holandesas que encontramos tan diferentes a las nuestras y tan acogedoras. No sin antes dejar aquellas cocinas como los chorros del oro ¡esto es un  equipazo!




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